Argentina… El fin.

April 5th, 2011

Chi chi chi…

April 27th, 2010

El cambio de país entre Bolivia y Chile ha sido el más drástico hasta ahora, como pasar de un extremo al otro; En Bolivia se veía más pobreza, peor calidad de vida, tódo mucho más barato y desorganizado. Cuando llegamos a San Pedro de Atacama, Sabnina y yo decidimos ir a buscar un hostal, Kim se encontró con otros coreanos y se quedó hablando con ellos. Dejamos las cosas en el hostal, tomé una siesta mientras Sabina arreglaba su mochila y salimos a montar en bicicleta para conocer los alrededores y nos metimos a un río. No tomé ningún tour aquí porque eran muy parecidos a los de Bolivia e Ica (sandboarding). Compramos pasta en el mercado para hacerla en el hostal, siendo ésa nuiestra cena y desayuno al otro día. Por la noche había una fiesta en el desierto pero decidimos mejor ir a tomar y hablar a un bar. Al otro día Sabina agarró un bus para Salta donde se encontraría con Nadja y más tarde yo agarré uno para Santiago.

En este punto del viaje se me confunden los nombres de los lugares o personas, me levanto a veces desorientado sin saber dónde estoy y muy pocas veces hasta extraño mi cama y la monotonía de la rutina. Depronto es el hecho que a veces siento que no estoy haciendo nada productivo y me desespero, pero después recapacito al darme cuenta que puedo estar cualquier día de la semana en algún lugar remoto. La referencia de los días de la semana no sirve para nada. Es como decir que para unas vacaciones largas hay que empacar un calzoncillo por cada día de la semana, pero realmente todos los días son sábados así que no tenés que tener un número específico ligándote a una semana.

Abren las puertas del bus y veo a mi ‘couch host’. El día anterior había decidido arriesgarme y enviar, a última hora como siempre, algunas peticiones en Couchsurfing.org a ver si podría quedarme en la casa de alguien en Santiago. Durante el viaje, me hice amigo de una gringa con madrastra bogotana (Nicole) a la que le di mi contacto de Facebook para que se fijara en varios días si había desaparecido y estuvieran buscando a alguien con alguna información de dónde estaba. Afortunadamente no terminé cortado en pedazos; Hector, el que me recibió su casa, resultó ser buenagente y me llevó hasta su apartamento en el centro de Santiago tomando el metro. Cenamos vino, empanadas  y nos quedamos ahí hablando por la noche. Al otro día salimos a visitar Santiago, llevándome por el centro a diferentes plazas, el Palacio presidencial, un parque de caricaturas donde ví al fin  la estatua de Condorito y  al cerro San Cristóbal. No pude haber tenido mejor guía. Al otro día me dejó en el metro y lo tomé hasta llegar a la estación de bus que me llevaría a Valparaíso.

Valparaíso me llamo la atención por ser un grupo de cerros al lado del mar, medio bohemio, lleno de graffitis artísticos. Caminé por los cerros, visité la casa (museo) de Lukas un caricaturista chileno y subí a un barco en un mini tour de la ciudad. Tomé un bus a Viña del Mar, ya mucho más turística, donde también caminé por la playa y visité un centro comercial.

Compré por adelantado el tiquete de bus de Valparaíso a Santiago y de Santiago a Mendoza (Argentina). Al otro día llegué temprano para no estar corriendo; un ayudante del bus que parecía drogado por lo acelerado que estaba me dijo que si quería, me subiera al bus que salía más temprano, insistiéndome y diciéndome que no había problema. Al montarme al bus y después de una hora de camino cuando él mismo estaba revisando los tiquetes de los pasajeros, se dió cuenta que mi tiquete era de otra compañía y me quería hacer pagar para quedarme en el bus. Le dije que no y empezamos a discutir hasta que me dijo que me bajara porque mi bus pasaba también por ahí y lo podía parar y montarme sin ningún problema. Me bajé del bus y justo antes de que arrancara, una señora me pasó la billetera que había dejado en mi silla cuando había emprezado  a discutir. Pasó un bus de mi compañía que paró, pero me dijeron que no era mi bus, el mío pasaría 15 minutos más tarde y no me dejaron montar. Después de media hora nada que pasaba el bus, eran las ocho y treinta de la noche en una carretera a las afueras de la ciudad e iba a perder el cambio de bus en Santiago para ir a Mendoza. Continuará… TAN TAN TAAAAAAAAN!

Isla del Sol, La Paz y el salar de Uyuni

April 16th, 2010

Apenas llegué a Copacabana compré un tour para ir a la Isla del Sol y dormir una noche allá. Mientras hacía la fila me encontré con Trees y Sunny (su hijo), y después con Amber y Sarah. EN el barco pidieron voluntarios para que fueran en el techo y me ofrecí, conocíí también a un argentino (Paulo)  y decidimos al llegar a la parte sur de la isla buscar un hostal todos juntos para poder negociar un mejor precio (mientras más gente mejor). Durante la subida al hostal Paulo le tomó foto a unas niñas que después le pidieron cuatro bolivianos y no lo dejaban pasar a menos de que les pagara, abrazándose de sus piernas; él les dijo que no sabía e hizo como si hubiera borrado las fotos. La vista desde el hostal era expectacular, valió la pena la subida empinada a creo que tres mil y pico de metros de altura sobre el nivel del mar. Me convencieron las inglesas de ir a meternos en el lago Titicaca pero a Paulo no, se quedó afuera tomando fotos. Por la noche fuimos a buscar un lugar donde comer trucha y en el camino nos encontramos con una banda local que tocaba mientras caminaba, parando en cada tiendita a tomar cerveza. Al otro día, mientras que las inglesas se quedaron en la parte sur todo el día, Paulo y yo decidimos caminar desde la parte sur hasta la parte norte de la isla, tomar un barco de vuelta al sur, y volver a subir al hostal para agarrar las mochilas y devolvernos a Copacabana. En el camino a la parte norte, vimos un ‘peaje’ que tratamos de esquivar desviándonos del camino, pero nos vieron y nos tocó pagar. Llegamos a unas ruinas y después almorzamos, otra vez trucha, en la parte norte. Mientras esperábamos el barco que nos llevara nos sentamos a esperar en la orilla del lago mirándo a un cerdo que buscaba comida y parece que no le tenía miedo a nada, ya que se acercó a un grupo de peladas inglesas y francesas a comérsele la basura que tenían y un sombrero de paja. Me monté encima del cerdo. De vuelta a Copacabana el barco paró en unas islas flotantes pequeñas que estaban hechas distinto a las de Urus (éstas eran hechas con fin únicamente comercial), donde para bajarse había que pagar, sólo había una tienda que vendía comida y se bajaron dos personas por cinco minutos y se volvieron a subir.

De vuelta en Copacabana compré un tiquete para ir a La Paz y justo antes de salir, ví que las inglesas estaban alegando con la que vendía los tiquetes. Me bajé del bus para ayudarles, pero mientras hablábamos arrancó mi bus y me tocó correr detrás para alcanzarlo. En el bus había un grupo de niñas de un colegio que no hacían sino molestar y ‘echarme los perros’, jajaja. Jugaban algo que iba así, un grupo gritaba: “Llegó carta”, el otro decía: “¿De quién?”, luego: “De nosotras”, “¿Para quién?”, “Para el joven de atrás”, “¿Qué dice?”, y aquí empezaban a cantar una canción. Nos tocó después bajarnos del bus para montarnos a un bote y atravesár el lago mientras el bus lo atravesaba por un medio ferry. Mientras esperábamos el bus al otro lado unas pelaitas se tomaron la foto conmigo con sus cámaras de film. Al final del viaje estuve jugando con ellas el juego de cantar una canción que tuviera una palabra específica.

No había caído en cuenta que por querer llegar ese mismo día, había llegado a La Paz a las diez de la noche. Me tocó caminar por el centro una hora y media hasta encontrar un hostal porque todos estaban llenos. Cuando decidí ir a un hostal medio caro porque ya era muy tarde, me encontré con Guillaume y después de dejar mis cosas fuimos a tomar una cerveza a un bar donde estaban los otros dos franceses. Estuve averiguando para hacer la bajada en bicicleta por el camino de la muerte de Coroico a La Paz, pero me pareció caro y pensando en la Patagonia, decidí más bien gastar la plata en cosas para acampar (poncho, pipeta de gas, estufa pequeña que se adapta a la pipeta, set de ollas, platos y cubiertos). Me cambié de hostal a donde se estaba quedando uno de los franceses que era más retirado pero más barato. Fuí con los franceses a un mirador, pero al llegar allá vimos que había un clásico, partido entre Bolívar y The Strongest (los dos equipos de La Paz). Decidimos ir al estadio donde nos dijeron que faltando diez minutos para que terminara dejaban entrar gratis a todos. Esperámos, entramos y vimos los últimos minutos de un partidazo donde The Strongest iba ganando dos a uno pero al final Bolívar empató y hasta pudo ganar en el último minuto. Salimos a celebrar tomando unas cervezas al lado del estadio y Charles se compró una camiseta de no me acuerdo qué equipo. Al otro día caminando por ahí me encontré con otro francés y decidimos caminar por todos lados; fuimos a un mirador, varios parques y después cada uno se fué para su hostal. Fuí a comprar el tiquete de bus para ir a Uyuni y visitar el salar, y habiendo aprendido la lección de no tomar el más barato, averigué en una compañia que al preguntarme la preferencia de asiento le respondí que primero,  sea lejos del baño por si hay olor; segundo, si no hay asientos solos que fuera al lado de algún mochilero para poder preguntar y pedir consejos de viaje; y tercero, que si la del lado era mujer, mejor. Al día después en la terminal me senté a ver televisión, que estaban pasando una película de kung fu con fútbol y empecé a hablar con una pelada (Nadja) de Liechtenstein, un país muy pequeño entre Suiza y Austria; me sentí muy ignorante al no haberlo oído mencionar antes. Al subir al bus, me dí cuenta que me había tocado al lado de ella, hablamos durante el camino, me prestó un mini folleto de su país pa<ra conocerlo mejor y hacia el final del viaje decidimos buscar un hostal juntos en Uyuni.

Llegamos a Uyuni por la mañana y apenas encontramos el hostal me fuí a bañar y tomar una siesta. Cuando me levanté fuimos a averiguar tours al salar y encontramos uno que duraba 3 días y tenía la opción de devolverme a Uyuni o que me dejaran en la frontera con Chile y tomar una van que me dejara en San Pedro de Atacama. Yo decidí que me dejaran en Chile y Nadja vovlía a Uyuni para seguir de ahí a Salta (Argentina). Al otro día, me bañé pagando extra porque era un baño por noche de estadía y fuimos a esperar a que llegara el carro para el tour. Ahí conocimos a un par de ingleses (Adam y Pete), una Alemana (Sabina) y un koreano que no hablaba casi nada de inglés o español (Kim). El grupo se integró ahí mismo, molestando y hablando bobadas más que todo. Entre todos compramos un cable para poder conectar los mp3 players al radio del carro y Adam compró una bolsa gigante de dulces que a medida que los ibamos comiendo, las envolturas las ibamos poniendo dentro de una botella de plástico vacía de agua. Más tarde, éste iría a ser nuestro trofeo del viaje. No me sentí tan ignorante al darme cuenta que los ingleses tampoco sabían que Liechtenstein era un país sino que pensaban que era una ciudad o algo así. Le preguntaron a Nadja si había alguien famoso de su país y ella les respondió que el príncipe diciendo: “Prince”. De aquí en adelante por un buen rato estuvimos molestando con que Prince (el cantante) era de Liechtenstein y sobre el tamaño del país, diciendo que si todos queríamos ir a visitar no iban a tener suficiente espacio para nosotros, o que si uno iba de Suiza a Austria en carro y quería tomar una foto de su país, tenía que tomar la foto rápido como cuando uno se toma una foto brincando, contando hasta tres y tomándola. Fuimos al cementerio de trenes, al salar de Uyuni donde tomámos las típicas fotos donde uno se hace cerca y el otro bien lejos para que parezca un enano, almorzamos lo que nos prepararó el guía (Llama), visitamos una isla de cáctus y esa noche paramos en un hotel de sal junto con otro tour, que consistía de una pareja de argentinos, dos alemanas y una pelada no sé de donde con su papá. Aquí podíamos tener cuartos separados ya que éramos los únicos quedándonos ahí ese día. Por la noche cenamos, me molestaron por poner todo tipo de polvo en el agua caliente (café, leche y chocolate en polvo), fuimos a buscar una tienda donde los ingleses compraron cerveza (yo ya tenía) y volvimos al hotel a tomar, ver el cielo despejado  y hablar mierda. Me fuí a dormir más temprano que ellos poruqe supuestamente al otro día todos nos ibamos a levantar a las 5:30am para ver el amanecer y no creía que los ingleses y la alemana se fueran a levantar quedándose más tarde. Al otro día solo nuestro grupo se levantó para ir a ver el amanecer (Nadja, Sabina, Adam, Pete, Kim y yo); nadie del otro grupo que fueron a dormir temprano ni nuestro guía se levantaron. Llegamos caminando hasta la montaña del frente y estuvimos esperando como media hora para que amaneciera; Adam no aguantó las ganas de ir a cagar y se devolvió al hotel mientras nosotros seguimos esperando hasta que eventualmente salió el sol y pudimos tomar las fotos. En camino a la próxima parada, dejamos a las dos alemanas con otro tour que ya se estaba devolviendo porque una de ellas no se sentía bien, aunque Peter se veía mucho peor que ella, tosiéndo a cada rato, pero sí quería continuar con el tour. Se varó el carro e hice como si estuviera ayudando, sosteniendo el retrovisor mirando seriamente, hasta que me atacó el cráneo de una llama que me quería morder la cabeza. Fuimos a ver Flamingos, la laguna verde, el desierto de Dalí y finalmente llegamos a otro hotel donde sí nos toco a todos en un solo cuarto. Por la noche tomamos cerveza y vino mientras jugábamos el juego de cartas que había aprendido en Santa Marta cuando iba a la ciudad perdida (Mafia). Al otro día fuimos a los Géisers y nos dejaron a Sabina, Kim y a mí en la frontera con Chile, donde agarraríamos una van para seguir a San Pedro de Atacama. En el camino, tuvimos que llenar unos formularios para poder entrar y Kim, que no entendía nada, le mantuvo preguntando a Sabina qué era cada cosa y hasta insinuó si ella se lo podía llenar por él.

Cusco, el peor bus, machismo y más franceses

April 13th, 2010

Al llegar a Cusco apenas salí del bus me bombardearon los taxistas como siempre para llevarme, cobrandome 5 soles a la plaza de armas. Salí fuera de la terminal y tome uno por dos cincuenta. Al llegar encontré un hostal barato que tenía ducha compartida y estaba lleno de argentinos que pareciera que vivían ahí. Con mi ‘student ID’ Compré entradas de varias ruinas a mitad de precio y en el hostal un tour en dos días distintos para visitarlas. Me parecieron muy interesantes todas las ruinas que visité, me pareció que necesitaba más tiempo del que daban para realmente apreciarlas. En estos tours conocí unos argeninos de la Plata (Mariano y Carolina) que también estaban pensando en ir a Machu Picchu así estuviera cerrado; hicimos planes para ir en bus a los pueblos mas cercanos y caminar hacia aguas calientes, el pueblo mas cercano a Macchu Picchu. Cusco es una ciudad fiestera, donde los bares y discotecas estaban llenos sin importar el día, y curiosamente éste es el lugar donde más me han ofrecido droga; en cada esquina alguien siempre me preguntaba si quería comprarle. Durante el día conocía y por la noche iba a los bares. Realmente quedé asombrado con la cantidad de historia que tiene ésta área, me va a tocar volver, no solo para visitar Machu Picchu, sino para terminar de ver todas las ruinas que no alcancé a visitar y para pasar más tiempo en las que sí visité.

Cuando llego el día de ir a Machu Picchu, fuimos a la terminal y todas las personas a cargo de las agencias de buses eran gritando apenas entraba alguien a comprar el tiquete. regateamos el precio más bajo que los otros buses con una compañia que nos ofrecía un ‘bus de lujo’ que salía al siguiente día. Resulta que el bus salió una hora y media después de la hora estalecida, Paramos después en la gasolinera por media hora más y hasta nos paró la policía y nos iba a hacer devolver porque el chofer no tenía licencia. Pero lo peor de todo no era eso.

Facilmente este era el peor bus que tomé en todo el viaje. Había una mezcla de olores a verduras, frutas, animales y de gente que no se ha bañado quién sabe desde cuando. Fuera de eso la gente local no tenía respeto de su propia tierra y siempre botaban la basura por la ventana. Cuando llegamos a Santa Ana, tomamos un microbus que cabían 12 pero habían como 16, con una butaca de madera pequeña incluída para que cupiera más gente. Lleno de gente que hablaba quechua, borracho gritón y maloliente al lado que no hacía sino recostarse en mí, decidí hablar con la niña que tenía al lado y me enseñó unas palabras en quechua. Ahora solo me acuerdo de cómo decir hola (alilianchi… creo). Un puente que teníamos que cruzar lo estaban arreglando y nos tocó cambiar la ruta e irnos ‘por abajo’.

Llegamos al pueblo y caminamos por ahí preguntando cómo llegar a Machu Picchu. El plan era salir a media noche para llegar a eso de las cuatro de la mañana, ya que sólo había un puesto de cntrol y el policía solo se encontraba ahi desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde más o menos. Llegamos a la plaza y nos sentamos a hablar mientras mirábamos unas niñas de diez o doce añosjugando volleyall. Quedé impresionado del nivel de juego; yo no me considero experto pero tampoco malo, y estas pelaítas jugaban mejor que yo. Me dió un poco de tristeza pensar que en un país como Perú (y en casi todo sudamérica) estas niñas no fueran a tener un futuro con el deporte y lo más probable es que crezcan y se queden en el pueblo a lo mejor siendo amas de casa o vendiendo comida. Llegaron después varios niños en bicicleta y a pié, entre ellos uno que le llaman ‘Serpa’, que se limitaba a salir corriendo para después brincar y abrazarlo a uno. No hablaba y los otros niños me dió la impresión que no se juntaban con él. Nos quedamos un buen rato con él y los otros niños jugando y hablando hasta que nos encontramos con los primeros turistas, un gringo y un holandés. Nos contaron que unos amigos de ellos habían tratado de ir a Machu Picchu pero les fue imposible porque habían puesto ya dos puestos de control y estaba gente ahí las veinticuatro horas del día. Se nos cagó la ida. Volvimos por el mismo camino a Cusco en que vinimos lleno de quebradas que atravesaban el camino, escuchando baladas, con precipicios y arreglos en la vía; incluyendo el mismo puente que habían estado arreglando el día anterior que nos aseguraban iba a estar listo en dos horas (cuando ibamos de ida). ah, nos varamos por gasolina y probé rocoto (Chile relleno zanahoria, carne, arbeja y huevo).

Al llegar a Cusco, caminamos por ahí, fuí a reclamar en un almacén donde días antes había comprado un convertidor de voltaje para poder conectar mis cosas en los tomacorrientes, pero después de alegar por media hora y ver que no iban a reemplazarlo por otro que funcionara, salí bravo a caminar. Hasta que me dí cuenta que efectivamente, como decía la que atendía, yo no había comprado el convertidor ahí sino en otro almacén, donde me lo cambiaron sin problema. Volví después al primer almacén y le dí diez soles y las disculpas a la que atendía. De aquí salí en bus hacia Puno, el lago Titicaca y la frontera con Bolivia.

Llegué a Puno por la mañana y me dirigí al puerto a comprar el tour hacia las islas flotantes (Urus),  Amantaní (donde pasaría la noche con una familia) y Taquile. En el tour conocí a un trío de franceses (Charles, Delfin y Gillaume), un par de inglesas (Amber y Sarah) y una inglesa con su hijo (Trees y Sunny). En las islas flotantes nos mostraron cómo eran hechas y nos quedamos un rato por ahí tomando fotos para despues salir a Amantaní, donde nos recibieron las familias locales donde pasaríamos la noche. Me tocó una familia con dos niños pequeños y me impresionó el machismo que todavía existe; cuando iba a comer, solo el papá se sentaba conmigo y la mamá y las hijitas se sentaban en la cocina, un cuartico pequeño abierto que quedaba al lado. También cuando el papá terminaba de comer, le decía a alguna de ellas que llevara su plato de vuelta  a la cocina, cosa que una vez hizo la menor sin querer hacerlo a regañadientes. ¡Fué ahí cuando decidí que me casaría con una mujer del pueblo! :-D. Al otro día nos llevaron a las ruinas de Pachamama y Pachatata, cenamos algo y terminamos por la noche en una sala grande donde nos disfrazaron con ropa de ellos y nos sacaban a bailar mientras un grupo de niños tocaban música local. Al final del viaje todos estaban cansados de comer papa, ya que en la isla no había carne y fué una dieta vegetariana que consistía de papa más arroz o unas semillas raras que parece arróz, vegetales y queso.

Salimos de esa isla, llegamos a Taquile, caminamos por el pueblo, nos explicaron que los hombres (que son los que tejen) tienen que hacer y ponerse sus gorros de acuerdo a su estatus. Si es soltero tiene que ser un gorro rojo y blanco, si es casado creo que rojo, si es importante es uno como de Indiana Jones. Después de escuchar ésto pregunté cómo diferenciar a las mujeres solteras… Todos se rieron. Colorida para las solteras y oscura para las casadas; inmediatamente empecé a ver alrededor a las solteras de lejos y a decir “How u doin?”… Se volvieron a reír. Cuando volvimos a Puno me quedé en el hostal con los franceses y por la noche compramos trago y cartas para jugar.  Como nadie sabía ningún juego de cartas, terminamos jugando el juego donde uno escribe el nombre de alguien famoso, otra persona se lo pone sin mirar en la frente y tiene que preguntar preguntas de sí y no hasta que acierte. Al otro día tomamos el mismo bus que hacía escala en Copacabana donde me quedaba yo, para después seguir a La Paz donde iban ellos.

Ya pes, chinos contrabandeados.

April 7th, 2010

El bus es de los mejores que he tomado, con sillas grandes y declinables, dos pisos, comidas incluidas, películas todo el tiempo y en el segundo pisdo al frente una mesa con sillas para poder jugar y hablar. El viaje no lo sentí pesado; primero vimos la colección de horror en dvd que consistía en ‘Saw’, ‘Hills have eyes’ y cuando pusieron la segunda de ‘Hills have eyes’ le dijimos que no más horror y pararon las películas por un rato. Me paré del asiento y me fuí a jugar cartas con una pareja de chilenos en la mesa del frente hasta que pusieron la película de Zohan y volví al asiento a verla. Por la noche volví a la mesa y me puse a hablar con un ecuatoriano/español/ gringo ingeniero de sonido que iba a ver a su hijo donde la ex que es actriz en Lima; no le pregunté el nombre. Pero lo más interesante del viaje era que estaban contrabandeando dos parejas de chinos en el bus. Solo hablaban chino e iban acompañados de un ‘coyote’ que solo hablaba español. Cuando se querían comunicar con él, llamaban a alguien por el celular que servía como traductor. Siempre que pasábamos por un retén policial o la frontera (había que parar para la salida de Ecuador y la entrada a Perú), o los bajaban y se iban en otro carro que los estaba esperando, o los escondían en los baños. Éramos todos haciendoles fuerza a los chinos que se veían mas desubicados que chino en bus de hispano. La sorpresa llegó después de pasar la frontera con Perú, donde un retén sorpresa de la policía nos paro y se subieron al bus antes de poder esconder a los chinos. El coyote ahí mismo bajo a hablar con el ‘superior’ mientras los otros dos revisaban documentos a todos los pasajeros. Cuando llegaron a los chinos empezaron a preuntarles en español y los chinos con cara de miedo les hacían senas que no entendían, hasta que el coyote subió y le dijo a los policías que su superior los estaba llamando. Después el coyote recolectó dinero de los chinos y salió del bus. Ellos se bajaron en una glorieta antes de llegar a la terminal, donde los estaba esperando un carro. Según un pasajero con el que hablé (que le había hecho senas a un chino para que le diera la comida que le iban a dar y no quería), el coyote le dijo que su destino era Brasil. Pasamos por Mancora pero decidí no bajarme ahí ya que decidí empezar a acelerar el viaje para poder estar a principios de Mayo de vuelta en casa para la graduación de la universidad de Diana (hermana) y AJ del colegio (primo).

Llegue a Lima y tome un taxi para ir a un Starbucks y encontrarme con Jean Pierre (JP), amigo donde me quede mientras estuve en la ciudad. Mientras lo esperaba me puse a hablar con un par de peruanas que me ofrecieron consejos de qué visitar. Llegó JP, fuimos a su apartamento para después seguir donde su mama que vive al sur de Lima. Esa noche fuimos a una discoteca al aire libre con banda en vivo y al otro día Jp me llevó a conocer Miraflores con una amiga suya. Volvimos a la casa de su mamá y me vistieron para celebrar el aniversario de casados de sus tíos. Esa noche los primos de JP me bautizaron ‘primo’ a punta de shots de pisco mientras JP fue a recoger una amiga al aeropuerto que llegaba de Greensboro (Lauren). También hubo un pequeño Carnaval con arlequines (no se como se llaman los personajes disfrazados que animaban la fiesta) y muchas bombas de esas largas con las que se hacen figuras, que yo había ayudado a inflar esa tarde. Al otro día fuimos a  la casa en la playa de la mama de JP y estuvimos ahí por dos días en la playa, piscina, jugando ping pong y montando en kayak con los primos y hermano de JP. Volvimos a Lima, visitamos el centro de noche (no tomé fotos) y al otro día me llevaron a un lugar como La Bahía en Ecuador o San Andresito en Colombia donde compré una camiseta y unos zapatos porque los míos ya casi ni tenían zuela. De ahí me dejaron en el bus destino a Ica.

Al llegar a Ica hablé con una pelada de Israel y tomamos un bus juntos a un hostal en Huacachina, un oasis donde hice sandboard, monté en buggy y esta vez si no trasnoché en la discoteca del hostal porque quede mamao. Al otro día fuí a las islas Ballestas en Paracas donde ví no-se-cuántas clases de aves marinas, lobos marinos y pingüinos, aunque no cacé ningüino. De ahí volví al hostal por mi mochila y arranqué a Nazca, donde solo pude ver las líneas desde una plataforma, ya que los pilotos estaban en huelga. Por la noche tembló mientras estaba en una sala de internét pero no hubo ningón herido… Todos muertos (mentira, no pasó nada). Tomé el bus a Cuzco para tratar de entrar a Machu Picchu así estuviera cerrado.

¡Mierda!

March 23rd, 2010

Por ponerme a actualizar ‘áutomáticamente’ el software que uso para escribir el blog (WordPress), me borró los fondos y estilos que había definido. Así que se quedará simple mientras le pido el favor a Mauro que busque en mi laptop y envíe las imágenes de fondo que hice.

Costa Ecuatoriana… Que cague de risa

March 23rd, 2010

Siempre fíjense a dónde llega uno en cada lugar y a qué distancia está de los hostales. Al llegar a Manta el taxista me cobró uno o dos dólares por llevarme cuatro cuadras al hostal donde me iba a quedar. En el hostal solo se estaba quedando un australiano que enseñaba clases de inglés y estaba haciendo las vueltas para quedarse ahí y dedicase a enseñar. Ese día caminé por el centro, fui a la playa murciélago y almorcé el ‘sopa y seco’/corrientazo/menú a $1.75 con sopa, pescado, arroz, ensalada y jugo. Por la noche fui a caminar por el centro comercial.

Al otro día partí a puerto López, y ya aprendida la lección, le dije que no a la multitud de mototaxis que ofrecían llevarme al hostal desde la Terminal. Caminé cuatro cuadras y llegué al hostal. Este hostal, como algunos otros, ofrecía el intercambio de libros usados, así que decidí intercambiar ‘el símbolo perdido’ que ya había intercambiado en Santa Marta por ‘Epidemia’; agarre uno sobre un inmigrante cubano en Estados Unidos, pero lo dejé de leer porque me pareció que sutilmente trataba de infundir ideas políticas. Almorcé donde come el pueblo y no los turistas, al lado de la playa donde pescan y sirven la sopa, arroz, pescado, ensalada y jugo por $1.50. Compré el tour para la Isla de la Plata y el pase para la isla y el parque nacional de Machalilla a un man ahí que me lo dejó más barato y me incluyó desayuno continental. Al otro día después del desayuno que me incluyó, me di cuenta que lo que había hecho el man era escribir mi primer nombre sobre el pase ya usado de otra persona (el pase es válido por 5 días), así que quedé como ‘Daniel Rodríguez’; le dije que yo no era bobo, que por mí no había problema, pero si no me dejaban entrar, él se hacía responsable por sacarme un pase nuevo y llevarme en otro tour. Afortunadamente no hubo problema, pero sí les recomiendo comprar todo en oficinas y no en la calle. Fui en el tour a la isla de la Plata, conocido como el Galápagos de los pobres, donde caminamos por dos horas en la isla y vimos distintos tipos de pájaros y una tortuga a la venida. Aquí  conocí a una croata, Petra (aka. Shpek) y me dijo que iba a Montañita; como era Viernes decidí acompañarla por el fin de semana para después volver a Puerto López y visitar el parque natural Machalilla (playa). Ya era muy tarde y no había más buses a Montañita, así  que junto a otros dos ecuatorianos decidimos tomar un mototaxi. Llegué con un chichón en la cabeza y la pantaloneta manchada de pintura; el taxi había sido recién pintado y como era de noche no me si cuenta. El conductor tampoco se fijó en un policía acostado y al no frenar, rampamos, pegándome contra el techo y enviando mi mochila que estaba atrás volando y cayendo en la carretera.

Montañita es una ciudad rumbera al lado del mar, lleno de hippies y surfistas. Nos entretuvimos con los shows callejeros; tomamos cerveza en un bar donde una banda en vivo tocaba Bob Marley, Beatles y Pericos; bailamos en una discoteca y salimos a tomar en los puestos pequeños donde ponían música y servían tragos. Nos encontramos con el ‘mototaxista’ que nos presento un amigo suyo colombiano que se dedica a vender artesanías de pueblo en pueblo, conocimos una pareja de chilenos y una colombiana. Como a las tres de la mañana borracho hice ‘skinny dipping’ en el mar y ya después fui a dormir. La rumba afuera obviamente siguió hasta que amaneció. Después del finde volví a Puerto López a visitar Machalilla. Al otro día agarréun bus a Guayaquil que un niño promocionaba  en el mercado gritando ¡’JIPIJAPA!, ¡GUAYAS!’.

En Guayaquil Christian (aka. Patata) me fue a ver al aeropuerto (ojo, ya no escribo ‘recoger’) y me invito a almorzar a un restaurante de carnes muy bueno de un ex- futbolista creo que uruguayo que jugaba para el Emelec. Me dió un tour por la ciudad y lo acompañé a que diera una clase de Protools (programa de audio para computador). Al otro día fuimos a la bahía, lugar donde venden las cosas contrabandeadas y piratas (como San Andresito en Colombia), pregunté por las camisetas dry fit, me dijeron que costaban veinte dólares, pregunté más adelante y me dijeron catorce, más adelante y diez. Estuve negociando con el vendedor como quince minutos y acordamos a dos por catorce. Cuando le fui a pagar no tenía sencillo (regla mas importante para comprar en estos lugares) y me dijo que solo podía darme cada una por ocho. Estuvimos negociando por otros cinco minutos más hasta que me las dejó las dos por quince. Caminamos por el malecón y subimos al Cerro Santa Ana. Más tarde en el centro mientras él averiguaba los trámites para sacar un duplicado de su documento de identidad, yo caminé por el centro hasta llegar al parque de las iguanas donde nos encontramos más tarde. Fuimos a comer con el Papa de Christian y caminamos por otro lado del malecón. La mañana siguiente tomé un bus a la terminal para comprar el pasaje a Lima, decidí no almorzar un plato con pescado para comprar la más cara ‘cajita feliz’ de Mc Donalds porque traía muñeco de Don Ramón. Tomé otro bus al mall donde tienen wifi gratis y me encontré con Christian ahí, que había estado dando clase durante el día. Por la tarde él tenía una reunión de negocios y entré a cine a ver ‘Alicia en el país de las maravillas’ por $2.50 por ser día de promoción. Por la noche almorzamos con la mamá de Christian. La mañana siguiente Christian me dejó en el bus para empezar el viaje de 27 horas a Lima que realmente duro 30.

Sierra Ecuatoriana

March 11th, 2010

A la gente del bus no le convino viajar conmigo. Nos paró la policía dos veces a revisar papeles y apenas vieron que era colombiano, me hicieron bajar del bus a abrir la mochila para que la revisaran. Adentro, a cada rato subían a vender de todo; cerdo con papas, unas semillas ahí raras, CDs, DVDs y hasta un suplemento natural que creo detecta el sexo de la persona, ya que en las mujeres sirve para prevenir el cáncer de seno y para los hombres el de colon.

Otavalo es un pueblo pequeño conocido por lo tejido a mano. Me compré un gorro para el frío, un suéter y un sombrero como el de Indiana Jones. Conocí a una gringa en una sala de internet y fuimos a su hostal que quedaba a cuarenta minutos caminando del pueblo Montana arriba. En el camino compramos unas cervezas Pilsener en botellas inmensas a $1 (mas barato si uno lleva el envase), ya en el hostal le ayudé con su tarea de español, mientras me contaba que había ido a Quito para tomar clases de español pero decidió ir a Otavalo a seguir aprendiendo. Conocimos a otra gente en el hostal, cenamos y volví a bajar al pueblo caminando con una piedra en cada mano porque había perros en cada casa que ladraban apenas pasaba. Al otro día fui a conocer Ibarra y Atuntaqui, conocido por sus textiles (venden imitación de toda la ropa de Marca) y donde compre la camiseta de Condorito. El sábado en Otavalo es cuando hacen la feria de animales por la mañana y durante todo el día el pueblo se llena de toldos de gente que vive cerca al pueblo y vienen a vender sus cosas. Después tomé el bus a Quito.

Como nada raro en cualquier lugar de Sudamérica tenés Que tener cuidado con los precios siendo extranjero. Al llegar a la estación de buses pregunte a tres taxis distintos que me llevaran al centro; uno me cobraba $8, otro $10 y otro $7. Ninguno quería usar el taxímetro así que decidí tomar el ‘Trole’ por 25 centavos. Al llegar al hostal me dijeron que estaba lleno pero podía dormir en una sala ahí con otra gente mientras se desocupaba. Salí a dar una vuelta y llame a Andrés (aka. Gordou), ex roomate de la universidad, me fue a ver y exigió que me quedara en su apartamento.

Tuve mucha suerte ya que Sofi, su novia, estudia turismo y tuve una guía personal durante toda mi estadía en Quito. Como vi tantas cosas dentro y alrededor de Quito le pedí ayuda a Sofi que me dijera todo lo que hicimos:

La noche que llegué fuimos al santuario de la virgen del cisne y a Cayambe a comer bizcochos con queso de hoja en la fábrica, luego  fuimos al parque principal a comer choclos asados con cola después de haber buscado a la ‘choclera’ por media hora cuando se nos perdió al irnos a sacar dinero del cajero. Al otro día fuimos para Baños, pasamos por la ciudad de latacunga, comimos helado en el pueblo Salcedo (heladerías en cada esquina y un monumento de un helado a la entrada del pueblo). De ahí almorzamos en baños, pasamos por unas cascadas y montamos en un teleférico. Al otro día en la mañana nos fuimos a la mitad del mundo y el museo del Intiñan (la verdadera mitad del mundo). Luego fuimos al valle de Cumbaya cenar en casa de los papás de Andrés donde hubo una conversación muy interesante y similar a las de mi casa (su mamá es muy parecida a la mía en lo religiosa); en la tarde pasamos por el centro historico donde visitamos la plaza grande, el sagrario, la compañía de Jesús, la iglesia de san francisco, la iglesia de santo domingo, la ronda, la catedral y finalmente a la virgen del panecillo donde manejé a la venida por Quito sin licencia y recapture la habilidad para manejar en Sudamérica (aunque sin usar la bocina, máximo hice un cambio de luces). El último día fuimos a las aguas termales de Papallacta por la mañana y por la tarde fuimos al poblado de calderón donde trabajan en figuras de Masapan; otra vez, manejando sin licencia. Ya por la noche fui a jugar fútbol con Andrés y sus amigos para después tomar el bus a Manta.

Cambio de planes: Pollo, maracuchos y el fin de Colombia con rosario inventao

February 24th, 2010

Depués de haber hablado con el Pollo (amigo del colegio) y con mi familia venezolana mientras estaba en Santa Marta, decidí modificar mi itinerario e ir primero a Bogotá para después encontrarme con el Pollo en San Gil y finalmente con la familia en El vigía/Maracaibro, Venezuela.

Llegué a San Gil y me encontré con el Pollo en el hotel. Nos quedamos un rato en la piscina hablando mierda, nos fuimos al proyecto que esta manejando y finalmente llegamos a la plaza en San Gil a tomar cerveza y seguir hablando. Ahí fue donde decidimos enviarle mensaje por Feisbuc a los ex-compañeros del colegio para encontrarnos en Medellín. Al otro día tenía varias opciones mientras el Pollo trabajaba, ya que San Gil es famoso por los deportes extremos (escalar, rafting, parapente y no se que más). Decidí ir a visitar la cueva del indio donde ví lo que usualmente hay en una cueva (estalagmitas, estalagtitas y murciélagos). Todo el tiempo estuvimos iluminando el camino con nuestras luces en los cascos, menos un trayecto donde el guía pidió un voluntario y obviamente me ofrecí. Me tocó guiar a las otras dos personas con la luz apagada, con una mano en la pared y otra en el techo, mientras el guía (que se había adelantado) tomaba fotos. Al final del trayecto nos tiramos de unas piedras hacia el agua; como el guía no pudo tomar bien la foto, me tiré otras dos veces hasta que salió bien. De bajada a San Gil aprendí que si uno se choca con un burro o vaca, tiene derecho a quedarse con él y exigir al dueño que pague el arreglo o uno se queda con el animal.

Para poder llegar el mismo día a Bucaramanga en bus, para después ir a Cúcuta donde me encontraría con mi familia, me tocaba decidir entre Barichara, un pueblito bohemio muy lindo, y el cañón del chicamocha, donde está el teleférico más grande de no sé donde. Decidí por Barichara. El cañón de chicamocha, o como le puse, el volcán del chipichipi, me tocó verlo en el bus de ida a Bucaramanga.

Llegué a Cúcuta (borde con Venezuela), y me fueron a ver mis tíos para ir al Vigía y eventualmente ir a Maracaibo a ver a mis primos. Quedé impresionado por la fila de carros que había para poder echar gasolina, el racionamiento de agua y los apagones de luz diarios. Pasé una semana con mis tíos, primos y abuela comiendo en todos los restaurantes de Maracaibo. Como pasé ya mucho tiempo en Colombia, decidí que al volver solo iría a Medellín y de ahí a Ecuador.

La gente en Medellín no cambia. HUlko, amigo del colegio donde me quedé, y el resto de amigos, andan igual de inmaduros. El Viernes salimos a tomar al parque Lleras; el sábado llegó un ex compañero de la universidad,  Danny Obyrne (donhil) con la novia y subimos a la finca de Aleja (novia de Hulko) en la Ceja; y el Domingo nos tiramos del puente del Peñol. Como lo dejo todo para última hora, decidí el lunes (un día antes de salir hacia Ecuador) hacer las vueltas para sacar el certificado judicial, necesario para ingresar a Ecuador. La cita me la daban para dentro de una semana, así que decidí hacer el depósito al DAS necesario para sacar el papel y hacer la vuelta cuando estuviera en Pasto, que era sin cita, sólo había que hacer fila. Pasé por donde Andrés a su restaurante (ex-compañero de mi herman del colegio) para que me diera consejos y conseguí unos muy buenos. Voy a tener que hacer una página en este blog dedicada a recomendaciones que he aprendido de varia gente. De aquí me encontre con los ex-compañeros del salón (todos están igual), tomamos unas cervezas, comimos y cada uno pa’ la casa. Al otro día viajaría a Pasto y de ahí en bus a Ipiales; lugar que me recomendaron antes de pasar a Ecuador.

Llegué a Pasto, saqué el certificado judicial sin problema y seguí en bus a Ipiales, pueblo fronterizo con Ecuador. Dormí una noche acá, al otro día por la mañana fuí a las Lajas, donde al fin pude ver el ‘cuy’ (la rata que se come) y la catedral con fondo e’ piedra. Aquí me compré un rosario y decidí rezar uno para agradecer lo que llevaba del viaje y pedir por lo que viene. Debido a que no sé de memoria los misterios como mi mamá, me tocó inventarlos:
– El Primer misterio glorioso, es la removida de la roca en la entrada a la tumba de nuestro señor Jesucristo.
– El segundo misterio glorioso, es la desaparición de las medias en la secadora.
– El tercer misterio glorioso, es la ascención de nuestro señor Jesucristo al cielo.
– El cuarto misterio glorioso, es la virginidad de la Virgen (Mami es un chiste, relájate).
– El quinto misterio glosrioso, es el número de misterios gloriosos que hay en el rosario.

Llegué al puente que divide la frontera entre Colombia y Ecuador, sellé la salida, caminé al otro lado, sellé la entrada, y tomé un bus hacia Otavalo, Ecuador.

Playa, brisa y mar… Y mosquitos, zancudos y pulgas

February 9th, 2010

‘Discleimer’:
Como hace rato no escribo, puede que hayan datos modificados y  exageraciones por culpa de mi pésima memoria.

Me hubiera gustado quedarme más tiempo en Barranquilla; por lo menos hasta carnavales, pero quiero tener suficiente tiempo para visitar otros países. Sé que si no me pongo las pilas me quedo en Colombia por un buen tiempo, así que aquí fué más una visita familiar que cualquier otra cosa. Aunque también fuí a ‘Bocas de Ceniza’, donde se unen el río Magdalena y el mar Caribe.

Para llegar allá tomé dos buses, me bajé y tocó tomar un híbrido entre bicicleta y taxi hasta llegar a donde finalmente me montaría a un vagón que corría por unos rieles hacia Bocas de Ceniza. Como no había suficiente gente para justificar el uso del vagón motorizado, esperé en un restaurante cercano que tenía dos pisos y hamacas incluídas pa’ la siesta después de almuerzo. Me entretuve también viendo un cerdo que no dejaba en paz a una oveja queriendo amamantarse o hacer otra cosa (si era cordero).

En Santa Marta si no descansé. Apenas llegué al hostal ubicado en el centro cerca a la bahía, dejé mis cosas en el cuarto para seis personas y conversé con la única ocupante; una alemana por ahí de cincuenta y pico años que también viajaba sola y hablaba perfecto el español. Agarré un bus de diez minutos a Taganga y pasé la tarde allá. Al volver, caminé por el centro y en el hostal reservé un cupo para el viaje caminando a la ciudad perdida que salía al día siguiente.

En el hostal me encontré con el escocés con quien vine de Panamá. Estaba abajo matando tiempo mientras era hora de ir a tomar su bus a Bogotá. Le pregunté si valía la pena el tour y me dijo que sí, recomendándome comprar paquetes de cigarrillo a treinat mil pesos y vendérselo a los del ejército por 50 mil; y que si veía a alguien ofreciendo el tour de cómo hacer cocaína que lo tomara.

El grupo consistía de diez personas; una bogotana con la hija (Diana y Sofi), dos australianos que parecían mejores amigos (Cameron y Charles), una pareja estadounidense/israelí (Jaymes y Tal), una pareja de ingleses (Mike y Yemma) y una inglesa llamada ‘George’. Como nadie hablaba español (excepto por Jaymes) y el guía no hablaba inglés, me tocó a mí ser el intérprete no oficial.

El viaje duraba seis días en total. Como desde Noviembre no llovía, obviamente hubo diluvio el primer día de camino. Lo bueno era que no habían mosquitos y que no nos daba el sol intenso que esta haciendo últimamente; lo malo era que como una gran parte era subida, dábamos tres paso para adelante y dos para atrás. Todos nos caímos y/o resbalamos al menos una vez. Aprendimos que cuando nos daban alguna clase de fruta a mitad de camino era por que venía alguna subida bien hijueputa. Llevaban la comida y las mochilas de los que no podían cargarlas en mula.

Todos los días nos poníamos tres capas de repelente para evitar picaduras de insectos y dormíamos en hamacas con mayas. La comida afortunadamente era abundante, y por la noche nos acostumbraron a que después de cada cena si venía el guía a hablarnos nos iba a traer alguna clase de chocolate o galleta de ‘regalo’, así que siempre salibábamos apenas se nos acercaba después de comer.

Siempre que caminábamos nos encontrábamos con otros grupos de turistas que bajaban de la ciudad. En el segundo campamento me hice amigo de un grupo que iba bajando y estuve jugando cartas con ellos por la noche mientras los otros dormían, hasta que nos acostaron porque mi grupo tenía que salir a las 6:30am.

Durante el viaje de ida vimos a varios grupos indígenas ‘Cogui’. No les gustaba que les tomáramos fotos y cuando llegamos auna de sus aldeas nos echaron diciendo ‘sigan caminando’; debe ser desesperante teniendo turistas a todas horas del día pasando por ahí y queriéndose tomar fotos con ellos. Los niños indígenas si se dejaban pero si uno les pagaba con algo de dinero o alguna prenda de vestir que les gustara (se la iban halando a uno), normalmente pulseras.

Llegamos a la ciudad perdida y dormimos en un campamento ahí mismo. Celebramos el cumpleaños de Geroge con vino, ron y jugamos el juego de cartas que yo había aprendido el día anterior con el otro grupo de turistas. Nos dijeron que próximamente cerrarían el campamento y no van a dejar pasar la noche a nadie en la ciudad.

A la venida pasamos por varios ríos y todos me decían que tenía demasiada energía por que me mantuve caminando (y a veces corriendo) delante de ellos, me colgaba de los árboles y me tiraba de todas las piedras a los ríos. Por las noches jugué cartas con los turistas y dominó con los guías.

Nos encontramos con un man que nos ofreció, por treinta mil pesos cada uno, mostrarnos el proceso de cómo se hace la cocaína. Fuimos seis personas y pareciera que estuviéramos en un episodio de esos de Martha Stewart mostrándonos paso por paso cada cosa. Cuando había algún paso que requería que pasara un tiempo, ya tenía preparado lo que seguía a un lado para seguir demostrándonos. No vendía ni daba muestras.

De regreso a Santa Marta le sdije que me dejaran a la entrada del parque Tayrona, donde pasé 3 días y dos noches. Estaba oscureciendo ya cuando llegué y andaba buscando dónde quedarme. De ida a Cabo San Juan (una de las playas que queda un poco mas lejos que las otras) me encontré con dos españoles y una argentina miembros de un grupo de teatro que recomendaron quedarme en otro lugar ubicado en Arrecifes porque era más barato. De vuelta ya era de noche y nos perdimos buscando el hostal. Durante estos días caminé todo el tiempo, me encontré con varia gente que había conocido antes en la ciudad perdida y Santa Marta ; fuí a la playa nudista temprano, donde me quité todo obviamente porque estaba vacía; fuí a Pueblito (parecido a la ciudad perdida pero mucho más pequeño) y conocí un par de Belgas (beLgas, Víctor, BELGAS)que les ayudé a quitar un escorpión de unos ‘interiores’ que habían colgado pa’ secala.

Volví a Santa Marta, pasé por Taganga (donde me encontré con George), volvíal hostal donde me encontré con Jaymes y Tal, salimos a cenar y agarré el avión para Bogotá. Jaymes y Tal me escondieron en la mochila una nota y un par de chocolates para el viaje, yahooooo!

En Bogotá me quedé donde una amiga, ‘En’ (María Antonia), y al fin pude descansar un poco después de tanta caminadera. Salí a La Candelaria a conocer y pasé ahí todo el día y parte de la noche, donde cerraron la Séptima por la noche para que la gente caminara por la calle. Estaba lleno de vendedores ambulantes y shows callejeros como payasos, mimos, cuenteros, comediantes, un enano disfrazado de mariachi cantando, un pelaito cantando rancheras, vallenateros, manes cantando Tango, malabaristas, gente jugando ajedréz, grupos haciendo propagandas políticas, un video tomado dentro de un matadero tratando de convertir la gente en vegetarianos (casi me convence) y quién sabe qué más porque no me recorrí toda la calle. Estuve impresionado de la cantidad de gente, parecía un niullorc criollo. Al volver esa noche, un mendigo me pidió comida, así qu elo invité a un pedazo de pizza y gaseosa por $2,500; al volver donde En, me encontré en el piso del bus $2,000 🙂

Al otro día almorzamos en La Calera con los franceses que conocí en Cartagena, acordando que nos encontraríamos en Quito después de que yo fuera a San Gil, Venezuela y Medellín. Al otro día conocí a una amiga de En y su hija, Isabel y Simona (aka. Helado de chicle con chips de chocolate); compramos lechona, hicimos un picnic en un parque  y después fuimos a la casa de Isa a que ellas tejieran (Isa es diseñadora de modas) mientras yo jugaba con Simona y leía el libro que había intercambiado en el hostal de Santa Marta. En Tayrona me habían dado un libro, ‘epidemia’ (outbreak), y cuando lo terminé de leer en Santa Marta, me dí cuenta que en muchos hostales la gente va dejando o intercambiando libros durante sus viajes, así que cambié el mío por ‘El símbolo perdido’.

Fué una sensasión rara ver personas que no había visto en mucho tiempo. Almorcé con Rocío, una amiga con la que trabajé en el periódico; cené con los Bustamante, amigos de toda la vida de mi familia; mientras estábamos en el carro vi pasar a Carlos David, compañero de Víctor (mi hermano) del colegio; y parqueándo nos encontramos con Jerry, un amigo de Antonio desde pequeño que lo veíamos cuando ibamos a Cartagena y precisamente cuando estuve allá habíamos jugado fútbol. Ahora me enteré que es un cantante famoso (Jerau).